
Colección Libelos
La libertad es el crimen que contiene todos los crímenes», y es contra este crimen contra el que se defiende el viejo mundo: el Estado elimina físicamente a todxs lxs jóvenes maravillosxs que no se resignan, esxs mismxs jóvenes que mueren asesinadxs por la policía o por los reaccionarios. A lxs que la justicia puede inculpar, el Estado lxs entierra vivxs en sus cárceles durante el mayor tiempo posible, aterrorizando al mismo tiempo a lxs otrxs que han conseguido quedarse fuera. Para estxs últimxs, paga a unos cuantos educadores y otros gañanes para desmoralizarlxs y hacerles olvidar a lxs compañerxs encarceladxs …
Le brughiere
El aumento del gasto militar en Europa se ha convertido en uno de los temas más abordados de los últimos años. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, los gobiernos europeos han multiplicado sus presupuestos de defensa con el argumento de garantizar «la seguridad del continente». Quienes defienden el incremento del gasto militar sostienen que Europa no puede depender eternamente de Estados Unidos para su protección. La recomendación de la OTAN de invertir al menos el 2% del PIB en defensa se ha convertido casi en una «obligación moral» entre los países miembros. Alemania, Polonia y los Estados bálticos han tomado la delantera, justificando sus decisiones en la necesidad de disuasión frente a amenazas externas. En un mundo donde las fronteras y las alianzas parecen cada vez más inestables, la seguridad —afirman— no tiene precio. No obstante, en un continente que presume de su Estado del bienestar, invertir miles de millones en armamento mientras continúa creciendo la desigualdad y la pobreza energética parece una contradicción profunda (esas contradicciones que siempre pueden permitirse los amos).
Si recapitulamos sobre la historia europea recordaremos qué ha supuesto el lema y la práctica del rearme en décadas pasadas. La demagogia de que Europa se ha construido sobre los valores de paz, cooperación y diálogo es sustituida por la demagogia de que su fortaleza será, en un futuro cercano, su arsenal.
La tecnología militar en el Estado español ha avanzado significativamente en las últimas décadas, impulsada por la supuesta necesidad de modernizar las Fuerzas Armadas y mantener la capacidad defensiva dentro del marco de la OTAN y la Unión Europea. Se ha apostado por la innovación en sectores como la aeronáutica, la defensa naval y la ciberseguridad, combinando desarrollo nacional con cooperación internacional.
Empresas como Indra, Navantia o Airbus España desempeñan un papel clave en la producción de sistemas de defensa de alta tecnología. Entre los proyectos más destacados se encuentran la fragata F-110, equipada con sistemas de combate avanzados y radar de última generación; el vehículo blindado Dragón 8×8, diseñado para operaciones terrestres modernas; y la participación en el Eurofighter Typhoon, uno de los cazas más sofisticados del mundo.
Además, el Estado está fortaleciendo sus capacidades en ciberdefensa y tecnología espacial, con programas destinados a proteger infraestructuras críticas y mejorar la vigilancia satelital.
A nivel global, el ámbito militar sigue siendo uno de los pilares fundamentales del poder de los países. Las fuerzas armadas no solo representan la capacidad de defensa de un país, sino también su influencia política, tecnológica y económica, reforzando prácticas que dan continuidad al colonialismo, los genocidios, la explotación y el extractivismo. Los Estados generan nuevas —y no tan nuevas— estrategias de control y consenso valiéndose del aparato militar como agente directo (en la gestión sobre el terreno de catástrofes «naturales» —pandemias, terremotos, y un largo etc.—) que se introduce en la vida social, naturalizando su intervención, con disfraz humanitario. La figura militar es presentada como aliada en contextos de normalidad interrumpida… pero no solo.
El texto que leerás, centrado en el análisis del caso italiano y el caso canario invita a pensar en los aspectos que no se plantean de forma tan evidente detrás de la insistencia del rearme, de la presencia militar en ámbito «civil» y viceversa, para profundizar en las respuestas presentes y futuras desde una mirada antimilitarista, pero que trascienda el pacifismo demócrata o ciudadanista. En definitiva, para dar continuidad a la lucha contra la máquina de guerra.
Otoño de 2025

